cosas nomas
de aqui y de alla, y de mi abuela tambien.
greenflash
A intentar verlo!!!!!
Caravaggio
Michelangelo Merisi nace en Caravaggio. Quedó huérfano muy joven, por ello abandona su hogar para ir a Milán.Hacia 1589-1590 se traslada a Roma, aquí pasó verdaderas calamidades hasta que en 1594 entró en uno de los mejores talleres, el taller del Cavalier d´Arpino, el favorito de la curia papal. Se sabe que Caravaggio permaneció unos 8 meses con el Cavalier d´Arpino, pero luego montó su propio taller. Allí siguió realizando pintura profana de pequeño formato que vendía gracias a un marchante que tenía un negocio próximo a San Luis de los Franceses. El cardenal del Monte ve por primera vez las obras de Caravaggio, quedando sumamente impresionado. Como consecuencia, el cardenal se convierte en el protector de Caravaggio, produciéndose así un cambio trascendental en la carrera del pintor. Entre 1595 y 1596 Caravaggio se traslada a vivir al palacio Madama, residencia del cardenal. A partir de entonces le lloverán los encargos.abrazo
llueve, llovera
Al este y al oeste,
Llueve y lloverá
Una flor y otra flor celeste
Del jacarandá
La vieja está en la cueva
Pero ya saldrá
Para ver que bonito nieva
El jacarandá
Se ríen las ardillas;
Ja, jara, ja,ja
Porque el viento le hace cosquillas
Al jacarandá
El cielo en la vereda
Dibujado está
Con espuma y papel de seda
Del jacarandá
El viento como un brujo
Vino por acá
Con su cola barrió el dibujo
Del jacarandá
Si pasas por la escuela,
Los chicos, quizás,
Se pondrán una escarapela,
Del jacarandá
Al este y al oeste,
Llueve y lloverá
de María Elena Walsh
mojones
El padre, parándose, enseñó al joven, su hijo mayor, un poste de madera cuya punta era esculpida en forma de cabeza humana, y le dijo: "Mira bien, hijo, este poste"; y mientras el muchacho, con la boca abierta, contemplaba la cabeza sin piernas, el padre le asestó una gran cachetada.
Esto pasaba en la campaña romana, unos cuantos siglos antes de Jesucristo; y como el joven miraba atónito al autor de sus días, éste, con gravedad, le explicó que aquella cachetada, la había recibido él, en su mocedad, frente al mismo poste, y que se la daba para que, a su vez, cuando viniera el tiempo, la transmitiese a su hijo mayor, "para que no se olvide jamás, agregó, del sitio donde está el mojón, guardián de los límites de nuestra propiedad".
El mojón era dios, en aquel tiempo, y la cachetada recibida por el joven y transmitida de generación en generación, formaba parte del culto de esa deidad campestre.
Hay también mojones en la Pampa, pero allí, el dios Término, dios inmóvil y quieto, que no tiene piernas porque no se debe mover nunca, se entretiene, para no aburrirse por demás, en azuzar disimuladamente discusiones entre los vecinos y en fomentar pleitos que arruinan las familias y hacen quedar estériles los campos que simula proteger.
Es para él una distracción y, al mismo tiempo, una venganza de que los hombres lo tengan hoy en tan poca estima.
¿Y cómo no explicarse su rencor?
Durante siglos enteros, no le prestaron culto alguno y hasta lo desconocieron completamente, andando de un lado para otro los hombres, sin consagrarles ni siquiera un poste.
Después, cuando pensaron en restablecer sus altares, en vez de dedicarle graciosas imágenes, como hacían los Romanos antiguos, se contentaron con cavar agujeros en el suelo, amontonando algunos céspedes, pronto tapados unos y derribados los otros por los animales errantes. Si una mano piadosa colocaba en su honor algún poste de madera, enseguida algún pastor ignorante, estúpido o criminal, lo arrancaba -sacrílego- para mantener el triste fuego de sus lares vagabundos.
Hoy mismo, los que más lo quieren honrar, pagan para ello sacerdotes especiales, cuyo rito complicado consiste en colocar en línea recta banderitas y jalones que plantan y quitan, siguiendo, a pasos contados, el límite del campo por consagrar, y erigiendo al pobre dios miserables postes de madera sin figura, o de hierro, que es peor, y hasta rieles viejos que no tienen por cierto nada de hierático.
¿Y cómo traerían los padres a sus hijos a recibir delante de estos emblemas ridículos la cachetada sagrada?
Tampoco valdría la pena; ya que, con las leyes modernas, muerto el padre, la propiedad queda despedazada y que el dios inmóvil y quieto tiene que ser removido.
de Godofredo Daireaux
La tapera
En la verde loma, está el árbol solitario, meneando suavemente sus ramas. Es un sauce llorón, viejo ya, cuya cáscara está, en mil partes, roída por el diente destructor de las ovejas.
Las vacas vienen, perezosas, a refregarse en su tronco, y lo hacen pulido, relumbroso. Tratan, estirando la punta roma del hocico húmedo, de alcanzar con la lengua la extremidad de sus primeras ramitas.
Nada lo protege ya contra sus ataques; el tiempo ha borrado las zanjas; el pasto cubre, casi íntegro, el lugar que fue el corral de las ovejas.
Parece llorar el árbol abandonado, la ausencia de aquel que lo plantó. La sombra, inútil ya, no abrigará más a aquella alegre bandada de niños, que venían a jugar a sus pies, y a quienes ha visto crecer. Los pajaritos han dejado de hacer en él su nido; sólo, el carancho ha elegido domicilio en sus ramas altas, y de su cumbre, acecha al cordero dormido.
Tristemente, sopla el viento en su cabellera, y de noche, el transeúnte oye gemir el árbol. Las caricias del sol le son indiferentes, y luto es, para él hasta su traje primaveral.
¡Está solo!...
El humilde rancho ha desaparecido, con sus perros bulliciosos y turbulentos, con el balido de sus ovejas. La familia se fue a otros pagos, llevándose todo, su rebañito, su pobre equipaje y sus esperanzas. No ha dejado más, alrededor del solitario, que un hornito en ruinas, que ya no se verá coronado de alegre humareda,- y abrojos, y espinas, inevitable vestigio del pasaje del hombre...
¡Cuántos corazones humanos son una tapera!
De Godofredo Daireaux
Recuerdos de Albanchez
De el tio Fernado















